Cuesta arriba en España

Se sigue cuesta arriba en España. En todos estos años de crisis económica por la que estamos pasando, me sorprende que encuentro pocas voces explicando lo que está ocurriendo en realidad con las Cuentas del Estado.

La solvencia o no de esas cuentas es lo que permitirá que exista un futuro mejor o peor para España y para los españoles.

La única persona que he podido descubrir que, de manera constante, analiza con ojo crítico esas cuentas es Roberto Centeno.

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Parece algo evidente que los sistemas monetarios, desde hace aproximadamente ciento cincuenta años, se establecen, crecen y caen en períodos que varían entre los treinta y los cuarenta años. Desde 1871  y hasta la Primera Guerra Mundial, el mundo se sustentó en el patrón oro clásico. Entre las dos Guerras Mundiales operó un intercambio de oro también. En todos estos años imperó sobre todo el proteccionismo comercial de los diferentes Estados. Pero al final de la II Guerra Mundial se buscó cambiar el modelo.

Se trataba de establecer una política librecambista. Se entendía que esa sería la base más sólida para establecer relaciones exteriores. Era una teoría que apoyaba de manera muy firme las necesidades de los Estados Unidos de América, que había sido el gran ganador de las dos grandes guerras.

«…Tenía una industria manufacturera poderosa y se enriquecieron vendiendo armas y prestando dinero a los demás combatientes. La procucción industrial de los EEUU en 1945 fue más del doble de la producción anual de los años 1935 a 39. En EEUU se concentraba cerca del 50% del PIB mundial y tenía menos del 7% de la población. Al ser la mayor potencia mundial y una de las pocas naciones poco afectadas por la guerra, estaba en posición de ganar más que cualquier otro país con la liberalización del comercio mundial«

En el complejo hotelero de Breton Woods (New Hampshire) se reunieron los principales estados del mundo durante casi y mes y allí establecieron los nuevos parámetros que supuestamente guiarían el crecimiento del mundo.

U.N. Monetary Conference

U.N. Monetary Conference

 

Funcionó hasta 1971. A partir de 1971 Estados Unidos decidió abandonar el patrón oro. Los problemas con el precio del petróleo y los enormes gastos en Vietnam llevaron al Presidente Nixon a adoptar esa decisión. A partir de entonces el mundo se ha regido por los estándares establecidos por el dólar norteamericano.

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Han pasado ya más de cuarenta y cinco años.

Interesante, a partir de aquí, reproducir dos artículos ligados, publicados por Marco Antonio Moreno en el Blog Salmón.

«Hasta hace unos años, los países intentaban mantener un cierto equilibrio entre las exportaciones y las importaciones de bienes. La mayoría de los países se preocupaban de exportar más de lo que importaban y con la diferencia, acumulaban reservas de oro. A partir de Breton Woods las reservas las comenzaron a acumular en dólares americanos y esos dólares podían ser cambiados por oro. 

El abandono del patrón oro el 15 de agosto de 1971 está estrechamente ligado al desempleo masivo que viven los países industrializados. Hasta esa fecha, el dólar fue lo más parecido al oro, y todas las naciones trataban de mantener un equilibrio constante entre sus exportaciones e importaciones de bienes. La mayoría de los países ideaba alternativas para exportar más de lo que importaba, de tal modo de acumular reservas de oro o, en su defecto, de dólares de Estados Unidos que, de acuerdo al tratado de Bretton Woods de 1944, podían ser canjeados por oro.

Así fue como de las más de 20.000 toneladas de oro que Estados Unidos tenía al término de la Segunda Guerra Mundial, año a año fueron mermando a medida que muchos países (especialmente Francia) insistían en canjear los dólares por oro. Esta situación hizo crisis en 1970 con dos fenómenos no esperados para el gobierno de Estados Unidos: la llegada al pick del petróleo (situación que obligó a Estados Unidos a importar petróleo, en circunstancias que hasta entonces exportaba petróleo) y los resultados adversos de la guerra de Vietnam. Ambos hechos arrasaron con las reservas de oro de Estados Unidos y el país se fue a la quiebra. La ventaja que tenía para disimular su bancarrota era clara: ser dueño de la imprenta de dólares.

En los primeros meses de 1971, Henry Hazlitt y Paul Samuelson, recomendaron al gobierno de Richard Nixon que el dólar tendría que devaluarse fuertemente dado que sería necesario aumentar el número de dólares que se necesitarían para obtener una onza de oro del Tesoro de Estados Unidos. Pero Nixon no tomó en cuenta el consejo de Hazlitt y Samuelson, porque siguió las indicaciones de Milton Friedman, quien le sugirió la idea de dejar flotar libremente al dólar y eliminar la convertibilidad del dólar en oro dado que la divisa internacional valía por el propio respaldo que ofrecía el gobierno de Estados Unidos, locomotora económica mundial. Así fue como en la mañana del domingo 15 de agosto de 1971, Richard Nixon declaró la inconvertibilidad del dólar en oro, y terminó de manera unilateral con el acuerdo de Bretón Woods.

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Desde ese momento, todo el comercio mundial se llevó a cabo usando los dólares que imprimía el tesoro de Estados Unidos, que no es más que dinero fiduciario, o simples papeles. Si hasta entonces, el comercio internacional tenía validez al estar respaldado en oro, desde entonces comenzó a depender de una moneda fiduciaria, producida por la mayor imprenta del mundo. Las consecuencias de ese fatídico día fue que todos los países (que podían) comenzaron a acumular dólares, como una expansión del crédito de Estados Unidos que avanzaba sin freno y ahora sin las restricciones impuestas por Bretón Woods. El resto del mundo se vio obligado a acumular reservas en dólares y estas reservas tenían que ser siempre crecientes, dado que a la menor señal de que las reservas de un país caían, se despertaban los especuladores monetarios que podían atacar la moneda de ese país y destruirla con una fuerte devaluación.

El creciente flujo de dólares a todas las partes del mundo impulsó la expansión del crédito mundial, que sólo detuvo su marcha en agosto de 2007, tras agotar todas las instancias de lo que hemos llamado esquema ponzi. La élite de la banca internacional siempre se esforzó por idear mecanismos para obtener mayores ganancias y para ello siempre buscó ampliar el crédito. Un crédito que estuvo liberado de la restricción de tener que pagar las cuentas internacionales en oro, y que marcó el boom comercial de Estados Unidos.

Hasta los años 70, un país pobre como China no tenía ninguna injerencia en el comercio mundial: vendía poco y compraba poco al resto del mundo. La globalización de los años 80, facilitada por esta ampliación de dinero falso, ofreció grandes facilidades a las empresas que, en la búsqueda de mano de obra barata, instalaron sus fábricas en China. Este fue el comienzo del proceso de desindustrialización que partió en Estados Unidos y siguió por Europa. Un proceso que destruyó la mayor cantidad de empleo en los países industrializados y que se transformó en un camino sin retorno … El origen del caos financiero y del desempleo global, se hacen más evidentes cuando las complementamos con los informes de Las causas materiales de la crisis.

La cadena de sucesos es elocuente: tras la Segunda Guerra Mundial Estados Unidos se convirtió en la potencia económica dominante con la clara ventaja del uso de su propia moneda en el comercio mundial. Ventaja que se hizo absoluta tras la decisión del 15 de agosto de 1971. Pero fue una ventaja de la cual se abusó y que hoy lo tiene al borde de la quiebra.

No hay dudas que el libre comercio es beneficioso para toda la humanidad: es bueno ser capaz de comprar mercancías a un precio más conveniente y practicar el intercambio. Cada país tiene sus propias ventajas que debe fortalecer para producir aquello en que es más eficiente. Todo el mundo puede beneficiarse de esta práctica que induce a cada país producir aquello en lo que tiene ventajas comparativas. Es una doctrina muy atractiva que, sin embargo, tiene un problema fundamental: fue concebida para un mundo donde el medio de pago era el oro

Como lo señalé en El origen del caos financiero y del desempleo global, la noción del libre comercio fue establecida cuando existía el patrón oro, que obligaba a mantener los equilibrios estructurales del comercio. De esta forma, cada país que quería comprar, tenía que vender, tal como indica La Ley de Say: ofrecer para demandar. Bajo el patrón oro, no era posible vender a un país que no comprara. El comercio se equilibraba naturalmente por esta restricción.

Por ejemplo, a principios del siglo pasado, Colombia y México podían exportar café a Alemania porque Alemania, a su vez, le vendía maquinaria a Colombia y México. Alemania compraba el café colombiano, porque Colombia era a su vez cliente de Alemania. Cada operación denominada en oro producía como resultado un equilibrio basado en la propia realidad económica de cada país. Y como el equilibrio era central en las relaciones entre los países, bastaba una pequeña cantidad de oro para ajustar el equilibrio.

Por esta misma razón, Estados Unidos vendía y compraba muy poco a China. Los chinos eran pobres y carecían de poder de compra, y aunque los productos chinos era baratos, Estados Unidos no podía permitirse comprar demasiado porque China no podía darse el lujo de adquirir los productos de Estados Unidos, dado que tenía otras prioridades. El comercio entre China y Estados Unidos estaba equilibrado por la necesidad de pagar el saldo de sus transacciones en oro. El balance era imperativo. No había ninguna posibilidad de desequilibrio estructural.

Con el Libre Comercio bajo el patrón oro, la gran mayoría de las transacciones no requería movimientos de oro para completar el intercambio: los bienes se intercambian por otros bienes, y sólo los pequeños saldos se liquidan en oro. De esta manera, el comercio internacional estaba limitado por el volumen de las compras mutuas entre las partes, por ejemplo, la seda china pagaba las importaciones de maquinaria de Estados Unidos, y viceversa.

Todo esto cambió cuando Richard Nixon eliminó la convertibilidad del dólar en oro aquel 15 de agosto. Desde ese momento, todo se pudo pagar en dólares y Estados Unidos pudo comenzar a imprimir la cantidad de dólares que quisiera. Así fue como en los años 70, Estados Unidos comenzó a comprar grandes cantidades de productos de Japón. Y los japoneses se jactaban porque vendían y no compraban, situación que era imposible bajo el patrón oro.

Pero lo que era imposible bajo el patrón oro se hizo perfectamente posible bajo el marco monetario del dólar. De esta forma los japoneses se convirtieron en gigantescos productores y transformaron a la isla de Japón en una gran fábrica. Japón acumuló enormes reservas de los dólares que enviaba Estados Unidos a cambio de los productos, dando inicio a los enormes desequilibrios estructurales. Este proceso incrementó la paulatina desindustrialización de Estados Unidos que ya vimos en Las causas materiales de la crisis.

Uno de los ejemplos en que se aprecia este proceso de desindustrialización es en la fabricación de televisores. Desde los años 30, y con los trabajos pioneros de Jenkins y Sworykin, esta industria se hizo fuerte en Estados Unidos con marcas como Westinghouse, Philco y Motorola, que entre los años 70 y 80 serían superadas por la Japan Victor Company y Sony. Otro caso lo ofrece la industria acerera, como señalamos en Algunos mitos claves del libre comercio.El abandono del patrón oro permitía a los japoneses vender sin necesidad de comprar, y a los Estados Unidos comprar sin tener que fabricar. El resultado fue que muchas industrias de Estados Unidos cerraron por el fin del patrón oro. El caso de la industria automotriz es emblemático: hoy la ciudad de Detroit es una muestra de turismo para arqueólogos.

El fin de los acuerdos de Breton Woods que obligaba a los equilibrios estructurales de balanza de pagos, trajo consigo el inicio de los desequilibrios estructurales, que fueron camuflados inicialmente por el acceso al crédito que facilitó Washington. Estados Unidos se embarcó en una expansión a gran escala del crédito, y a medida que la economía destruía puestos de trabajo en la industria, el sector financiero permitía un acceso al crédito que camuflaba el estancamiento y estimulaba las importaciones procedentes de Asia lo que hundía aún más a la industria estadounidense. No es casual que en términos reales los trabajadores estadounidenses no han tenido ningún aumento real de sus ingresos desde 1970.

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En su momento, la gran mayoría de economistas encabezados por Milton Friedman, consideraron perfectamente aceptable la eliminación del patrón oro. El auge de la expansión del crédito y el consumo fue visto con buenos ojos y los desequilibrios estructurales fueron vistos como transitorios. Nunca pensaron en las consecuencias no previstas de un consumo desenfrenado que lo llevaría a consumir la mitad del PIB mundial y acumular una deuda de cuatro veces su PIB. Nadie previó que aquella enorme ventaja adquirida por Estados Unidos (comprar en el mundo con su propia moneda) podría convertirse en una causa fatal para la destrucción industrial y el desempleo masivo. Algo lógico: esta gran falla pasaba inadvertida si el ritmo de crecimiento permitía camuflar los desequilibrios.

Pero la expansión del crédito ha terminado y en su lugar hay contracción de crédito y falta de liquidez. Ahora los desequilibrios estructurales y el desempleo masivo adquieren mayor relevancia cada día que pasa. ¿Qué se puede hacer para aumentar el empleo y potenciar la demanda que de un impulso a la reactivación económica? Esta respuesta nadie la quiere enfrentar porque la corrección de estos desequilibrios requiere revertir el propio proceso de la globalización y re-industrializar aquello que fue destruido. Solo la creación de empleo puede detener la crisis y esto implicará necesariamente resetear gran parte del proceso de la globalización.»

Pero esto en gran manera no aplica a España. España no cuenta con la máquina para imprimir los billetes que después otros toman como reservas.

En España necesitamos endeudarnos para pagar los cada vez mayores déficits. Lo preocupante es que habrá un día en que nadie esté dispuesto a prestar a España. No será creíble la capacidad de pago.

Deuda publica España desde 2006

Le pasó a Grecia ya dentro de la Unión Europea, le puede pasar a Italia y le ha pasado a países mucho más ricos que España.

Creo que conviene extractar un poco del último artículo de Don Roberto Centeno:

«…Desde 2007, la deuda se ha multiplicado más de tres veces —cada familia media debe ya 133.000 euros—, los salarios han caído un 20%, la riqueza de las familias un 40%, un tercio de la clase media ha sido destruida, el empleo creado es temporal y los salarios, tan miserables que como dice la propia Bruselas: “El empleo en España ya no garantiza el salir de la pobreza”...

“El objetivo de déficit no existe” 

La frase anterior, pronunciada el jueves por Montoro, resume lo que ya sabemos: que las cifras y las promesas presupuestarias del PP no valen ni el papel en que están escritas. Por ello, lo más relevante de estos Presupuestos porque eso es lo único que sí se cumple -el incremento brutal del despilfarro político- es que hacen fijos a 250.000 enchufados que metieron los sindicatos entre sus familiares y amigos, fundamentalmente en Sanidad y Educación, para cubrir el escandaloso absentismo —cuatro veces mayor que en Europa—, más 40.000 que va a colar Susana Díaz por la puerta de atrás y otros 67.000 más (donde solo policía, guardia civil y poco más son necesarios).

Deuda Admos Publicas

Un gasto adicional de 11.000 millones de euros anuales —porque el absentismo seguirá igual y contratarán a nuevos enchufados eventuales— que se añade al despilfarro de más de 100.000 millones que representa el Estado autonómico. España es el segundo país de Europa que más paga a los empleados públicos después de Luxemburgo, un 44,3% más de media que los trabajadores del sector privado, que son quienes pagan toda la fiesta, siendo, a la vez, el país con mayor desigualdad social de Europa. Luego, el cobarde de Rajoy, en lugar de aplicar el art. 155 y procesar a los sediciosos, da 4.000 millones para infraestructuras a Cataluña, única región de España que tiene todas sus capitales conectadas por AVE.

Y sin sonrojarse, ponen el techo de gasto en 118.337 millones, 5.000 millones menos que en 2016. ¿A quién le van a quitar lo que cuestan los nuevos enchufados y los sediciosos? ¿A los pensionistas, a los parados, a los dependientes? Y luego hablan de un fuerte aumento de la recaudación con toda su cara: 200.963 millones, un 7,9%, menos de crecimiento que en 2016, donde la recaudación aumentó solo un 2,3%. Dicen que por la inflación se recaudará más de IVA y de IRPF (ocultando que bajarán las pensiones en 1.500 millones), pero el 1,5% de ambos son 2.000 millones, y ¿hasta los 14.000 necesarios? Dice Montoro que el hecho de que los ingresos tributarios son hoy mayores “es la garantía de que el déficit se cumplirá”. En marzo de 2016, la Agencia Tributaria decía que “los ingresos tributarios fueron de un 5,6% más”, ¿y qué pasó a fin de año? Que subieron solo un 2,3%.

Pero todos estos camelos no importan nada, pues como sabe muy bien Cristóbal, el ministro más listo del Gobierno, lo único relevante de los Presupuestos es que se aprueben, lo demás da exactamente igual. Para eso está la deuda; solo en enero la han incrementado en 7.800 millones. ¡Si será por dinero! Y como ya tienen los tontos útiles para sacarlos adelante, y además entusiasmados, y a los vendidos de la AIReF para certificar la mentira, el que las cifras no cuadren, ¿a quién le importa?…»

Preocupante.

Vuelvo al principio: seguimos cuesta arriba en España.  Y parece que no nos estamos dando cuenta de ello ni tampoco de sus consecuencias.

Se está construyendo un mastodonte que conscientemente se sabe que no tendrá otra salida más que colapsar. Y parece que se está preparando todo para que cuando colapse, lo haga en manos de otros.

Podría parecer que se juega con la memoria selectiva de los ciudadanos. Los que crearon el mastodonte no estarán cuando este colapse. Podrán ser llamados como «salvadores«.

 

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